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29 sep

Estamos retrasmitiendo en directo durante la mañana.

nuestro estudio en la karakola

Ahora hablamos sobre”Lo público en crisis”

Hemos hablado antes de intervención social: recortes, dificultades, amenazas de despido. ¿Por qué hacen huelga nuestr@s invitad@s?

Ciudadanía vs. intervención social ¿cómo compatibilizarlas?

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CHICAS, ¿NOS VAMOS DE HUELGA?

23 sep
O cómo hacer una huelga que sea realmente de tod@s en tiempos de crisis y precariedad.

Much@s de nosotr@s no podremos parar de trabajar el día de la Huelga General. No tenemos derechos laborales que nos lo permitan, los sindicatos no nos respaldan, algun@s no trabajamos por cuenta ajena o siquiera las actividades que realizamos están reconocidas como trabajos productivos, son invisibles. Y sin embargo son trabajos que la sociedad necesita para funcionar. Sabemos que con esta crisis el problema no es sólo la reforma laboral, pues llevamos años viviendo la precariedad laboral y la incertidumbre, ¿qué pasa con la carestía de la vida, las hipotecas impagables, las fronteras que impone la durísima ley de extranjería, la precariedad vital con la que lidiamos cotidianamente o el miedo que recorre nuestros cuerpos porque nunca sabemos “qué será de nosotros y los nuestros mañana”?

Es verdad, quizás no podamos salir a la calle el día de la Huelga General, pero la sociedad entera, los sindicatos y el gobierno deben saber que la crisis afecta a otros muchos ámbitos que no son estrictamente el laboral y que estamos aquí, las y los trabajadores invisibles de la producción social.

  • ¿Te ocure que ya no sabes qué inventar para llegar a fin de mes?
  • ¿Todavía recuerdas cuando nos dijeron que con el cambio al euro los precios no aumentarían?
  • ¿Por qué la luz, el agua o el gas no paran de subir? ¿Y qué hay de la compra del día a día, del transporte o simplemente del ocio? ¿Hace cuánto no te vas de vacaciones?
  • ¿Quieres irte de casa de tus padres y las cuentas no te salen desde hace años? ¿O quizás eres una de las miles de personas hipotecadas hasta el cuello intentando pagar a 20, 30 0 40 años una vivienda que se supone que es un derecho constitucional? ¿O puede que el banco te haya hecho firmar un contrato que en realidad es una estafa frente a la que el estado se lava las manos? ¿O te han deshauciado y tu casa la ha revendido el banco por menos dinero a gente precaria que como tú no se puede pagarse una casa?
  • ¿Estás cansada de no saber qué será de ti laboralmente en unos meses? ¿La incertidumbre te genera ansiedad?
  • ¿Tienes miedo cuando piensas en el futuro?
  • ¿Eres uno o una de las miles de jóvenes paradas en España o que deambula de trabajo precario en trabajo precario sin ver claro el final? ¿Estás cansada de aquello de que te tienes que formar indefinidamente para encontrar un trabajo precario y mal pagado? ¿Estás harta de que te digan que “no sabes venderte en el mercado”? ¿Dejaste de entender hace tiempo cómo los sindicatos siguen pidiendo más trabajo para todos cuando el mercado de trabajo en sí es el problema?
  • ¿Eres una investigadora o investigador mal pagado y al que se le acusa de que su actividad no es un trabajo de verdad?
  • ¿Eres una de las miles de personas que han pasado fronteras en busca de un futuro mejor? ¿Durante años trabajaste con papeles o sin papeles haciendo carrtereas, construyendo viviendas y cuidando de los hogares españoles y ahora con la crisis se te dice que te vayas del país? ¿Estás harta de que no se te reconozcan tus derechos, de tener miedo por no tener papeles, de los controles de identidad selectivos con los que se te trata como si estuvieses cometiendo algún delito?
  • ¿Eres empleada de hogar y aunque cuidas, limpias y mantienes hogares enteros en jornadas interminables tienes aún menos derechos que el resto de trabajadores?
  • ¿O cuidas de alguna persona dependiente y la ayuda de la Ley de Dependencia no te llega para nada o simplemente te has quedado fuera con los recortes impuestos por la crisis? ¿Estás cansada de ver cómo el trabajo de cuidados son lo último que el estado toma en cuenta gobierne quien gobierne?
  • ¿Eres una de las personas que trabajaban para algún ayuntamiento, en cultura, cooperación o intervención social a las que han despedido en los últimos meses argumentando que “no hay dinero suficiente para todos” mientras estás harta de ver cómo se derrocha dinero en cosas inútiles?
  • ¿Eres inmigrante, homosexual o transexual y la crisis multiplica tu situación de precariedad?

¿Por qué esta huelga puede ser nuestra?

23 sep

Ésta no es nuestra huelga. Al 29 de septiembre sólo podrán ir aquéllos y aquéllas que siendo muchos en su centro de trabajo guarden todavía la suficiente fuerza y memoria de luchas pasadas. Sin duda unos pocos sectores: los transportes colectivos, las grandes empresas industriales, los servicios del Estado todavía no privatizados. Para el resto, precarios, temporales, parados, contratados de los servicios fragmentados y externalizados, empleados infrapagados de la hostelería y de los servicios personales, sin papeles, autónomos, freelances, trabajadoras domésticas y de los cuidados, el 29 será un día más, quizás trabado por algún inconveniente, o agitación extraordinaria, pero un día de trabajo al fin y al cabo.

Más aún, para muchas, para muchos, la convocatoria y las acciones sindicales serán objeto de duda, incomprensión e incluso resentimientos y rencores cada vez más confesados: ¿por qué participar en los espectáculos de un día de paro con unos agentes (los sindicatos mayoritarios) que quedaron inmóviles cuando las cifras de paro corrieron por encima de los tres, los cuatro o incluso los cuatro millones y medio? ¿Por qué hacerles el juego, cuando todo parece indicar que están ahí como un dispositivo más, funcional a la maquinaría devoradora de la precariedad y la infrarremuneración? O también ¿por qué mostrar siquiera la menor solidaridad con aquellos que pueden parar, pero que jamás miran «al resto» como aliados con los que discutir? ¿Por qué participar en una huelga que se llama general, y en la que sin embargo no todos pueden participar?

Hay, sin embargo, algunas razones para querer (si no se puede, sí al menos desear) convertir la huelga en algo propio. Algunas, algunos, consideramos, sin dejar de tener la mente y el cuerpo atorados por el escepticismo y la impotencia, que está es quizás la primera oportunidad para levantar algo la cabeza tras el duro «chaparrón» de una crisis que dura ya dos años y medio, y en el que nada apunta un «claro entre las nubes». Algunas, algunos, nos gustaría liberar la parte más osada y valiente, la más indignada (aquella que se expresó en el movimiento global y en las manis contra la guerra), apartar el miedo y el resentimiento, y decir «Basta ya»: basta de vendernos la salida de la crisis como si fuera una negra lluvia caída del cielo, de hablarnos de la «necesidad» de una reformas (pensiones, mercado de trabajo) que nos harán más pobres y vulnerables, de hablar de «apretarse el cinturón» al tiempo que se dedican ingentes cantidades de dinero a salvar bancos, cajas de ahorro, constructoras e inmobiliarias.

Tomado así, el 29 de septiembre no será un día más de paro y procesiones, tal y como en realidad pactan sindicatos y gobierno, con un lema, «Así no», que ya deja traslucir toda la ambivalencia de la convocatoria como si el problema fuesen las formas y no el contenido de lo que aquí se pretende. Tomado así, el 29 S puede ser sencillamente un primer momento de reflexión y expresión sobre el propio malestar y la coyuntura que lo genera, un momento para empezar a poner palabras a lo que ocurre, y sobre todo un momento para hacerlo con otros. De hecho, ¿qué otra cosa eran antiguamente las huelgas sino el producto de un malestar, que a través de la discusión y de la acción se hacía colectivo y se reconocía en la fuerza del «paro de la producción» como potencia común?

Por empezar por la más obvio, el día de huelga podría ser concebido como un gigantesco juicio colectivo (escrache dicen los argentinos) a la gestión de la crisis, utilizada de hecho como oportunidad para ampliar beneficios y socializar las pérdidas. Así lo hemos visto estos meses, en la hipócrita pleitesía de la Unión Europea y el gobierno español a los grandes agentes financieros, sometiendo a Grecia a un ajuste absurdo e innecesario, aceptando sin más nuevos recortes del gasto público, disminuyendo los presupuestos de bienestar y prolongando seguramente la crisis social durante una década, al asumir la trágica necesidad de «una generación perdida» (en palabras de un alto cargo del FMI) en favor de la intocable estabilidad de los mercados.

Efectivamente, tras el primer shock inicial que a más de un campeón de los mercados llevo a plantear «una moratoria del capitalismo», la crisis se ha convertido en la gran oportunidad para acelerar la innovación de las técnicas de mando: si bien siempre a costa de una vuelta de tuerca de la expropiación y la desposesión social; y siempre vendida como una necesidad caída del cielo (como si la economía fuese un conjunto de leyes indiscutibles y no una simple expresión de reglas políticas acerca de la producción y distribución de la riqueza). ¿Qué otra cosa si no representan las decenas de miles de desahucios que se están produciendo estos meses; el mantenimiento del trato fiscal preferente a los grandes patrimonios y a las rentas del capital, al tiempo que suben los impuestos al consumo (que pagamos todos); la priorización de las grandes obras públicas (como el TAV, popular, pero inútil y extremademante caro) gestionadas por financieras y constructoras, frente al gasto social; o la aceleración de la privatización de la gestión sanitaria en varias comunidades autónomas en favor precisamente también de las grandes constructoras? La huelga debiera hacer visible, y a la vez objeto de toda indignación, estas cadenas de mando, la propia contingencia de unas decisiones que operan en favor de unos y en prejuicio de la mayoría.

El 29 S podría ser también un momento de búsqueda común. A pesar de la parcialidad de la convocatoria, y de su segura instrumentalización por los sindicatos y las clase política, el día de huelga podría servir quizás para encontrar aquello que nos une, antes que nos separa. Parece que esto es hoy más difícil que nunca: tres décadas de precarización y fragmentación de la producción han arruinado todo espacio de encuentro y discusión conjunta, como aquel que era todavía posible en el patio de las fábricas. Pero sin ser demasiado ambiciosos quizás sería suficiente con denunciar que la crisis no es un problema de reparto de recursos menguantes: que el problema no es el de un empleo vuelto escaso, que se soluciona declarando que hay muchos extranjeros que ahora deben «volver a su país» (como si esto en muchos casos fuera siquiera posible); que el problema de la sanidad, como quieren los partidarios del copago, no es el uso abusivo de los ancianos; que el futuro de las pensiones pende de un hilo, porque hay cada vez más «viejos» y los jóvenes trabajan menos o mejor, cotizan menos, por la extensión de la precariedad y la infrarremuneración a lo largo de toda su trayectoria laboral. En todos estos casos, el problema no es que no existan recursos (riqueza hay, y en unas cantidades increíbles) sino su concentración en unas pocas manos. La crisis no tendría que derivar en una guerra entre pobres: españoles contra extranjeros, asalariados contra parados, mayores contra jóvenes; sino en un amplio programa de distribución de la riqueza.

Por eso, más que una huelga contra la reforma laboral o de las pensiones, que también, podemos tomar el 29 S como una huelga por derechos universales e iguales para todas y todos: la renta en primer lugar, pero también la educación, la salud, el cuidado, una vejez digna, etc… Obviamente estos derechos, que necesariamente pasan por un amplio programa de redistribución de la riqueza, no se conquistan por medio de declaraciones. Y aunque el 29 S sea sólo eso, una declaración en una huelga que sólo a medias podemos tomar como propia, habrá que seguir buscando, de forma quizás clandestina, las formas cotidianas e invisibles de sabotaje que puedan hacer que la huelga sea en un futuro eficaz y general.

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